Letra Pequeña
Powerpaola (Museo La Tertulia) - Crónica (Art-Nexus 2018)

 

Un virus tropical, eso fue por unos instantes Powerpaola antes de nacer. Un médico en Ecuador, descartando el embarazo de su madre sostiene que lo que tiene es psicológico y con algún “virus tropical”, enfermedad incierta que le daría el nombre a su primera novela gráfica, en donde desarrolla el auto relato de su vida desde que nace hasta que se va de la casa de sus padres. Paola Gaviria (Quito, 1977) se la pasa dibujando, desde hace mucho tiempo, desde que era muy joven, y por tal razón ha creado un universo bidimensional que tiene su propias condiciones físicas, su propia química, fisionomía, fauna y flora; un universo lejos de su punto final que se expande con ella misma.

 

De frente me escondo es el nombre de su exposición en el Museo La Tertulia, con curaduría de Andrés Fresneda y Juan Pablo Fajardo de La Silueta (editorial) y Alejandro Martín. Así mismo De frente me escondo parece ser una frase sacada de una conversación, una frase de aquellas que salen inesperadamente y que quedan sonando en la cabeza durante mucho tiempo y que finalmente cobran sentido cuando se acomodan en un relato, en la manera en que cada uno cuenta su propia vida.

 

La conversación es un aspecto fundamental en las obras de Powerpaola, ya en la película Virus Tropical (basada en la novela gráfica antes mencionada y que se presentó en la Cinemateca del museo durante toda la muestra) se puede ver cómo desde niña, siendo testigo de las conversaciones de su madre con sus hermanas y a la vez que escucha, garabatea y dibuja en un papel como participando sin participar de estas discusiones; como un testigo perfecto de los matices no verbales de estos encuentros. Estos matices no verbales tienen que ver con lo no-dicho, lo sugerido, el juego, la complicidad, los gestos, las emociones que pasan tan rápido que apenas son perceptibles (como las frases que quedan sonando). El dibujo de Power Paola graba estos tonos no lingüísticos haciendo uso de la línea, de la mutación física de sus personajes, de un paisaje lleno de signos cotidianos que, aunque son signos, no pretenden erigir arquetipos fijos.

 

La conversación llega hasta colaboraciones que tiene con otros dibujantes en donde comparte una mesa (en el mundo real y en su universo gráfico) y dialoga libremente sobre cualquier tema, sobre cualquier pregunta. En este punto las conversaciones muestran su estado más puro, que es cuando vuelan y se disuelven en divagaciones o cuando se encadenan pensamientos, uno tras otro, generando un sentido que no tiene que ser una verdad. El dibujo de Powerpaola  es sensible a los juegos de palabras y cada dibujante se transforma literalmente como si su palabra tuviera el poder de moldearle, ya que en el papel cada persona (personaje) posee esta capacidad. Quizá la mesa es el medio y el mensaje a la vez, el soporte y el puente entre planos de realidad, una plataforma que sostiene el papel de los dibujantes y a la vez los conecta con este otro universo que gira también en torno a una mesa.

 

La exposición es en sí misma un gran libro de dibujos, cada espacio de la sala (la Sala Maritza Uribe de Urdinola) es concebido como una viñeta, como una hoja, una retícula que transporta al espectador entre diferentes escalas, unos planos que piden ser vistos de cerca y otros que necesitan leerse desde lejos. De esta forma, módulos de madera despliegan las piezas gráficas a manera de capítulos cortos (dibujos para acercarse); las diversas salas de exhibición recogen estos módulos como grandes porciones de historias y anécdotas (dispositivos para ser leídos), y el museo finalmente engloba el universo gráfico de Powerpaola complementando lo pequeño, la escala domestica del papel y el lápiz, con dos piezas murales de gran formato (proyectos para recorrer) y con una sala didáctica (la Sala Subterránea) que tiene las herramientas para que el público interactúe con la obra y con las maneras de hacer de la artista.

 

De frente me escondo es una frase de escape y a la vez una expresión para encarar; directamente plantea la maleabilidad de una artista que se asume como personaje y una biografía que, más allá de lo documental, se va transformando en un guión. Cada anécdota y cada momento de la vida de Paola Gaviria va entrando a las viñetas en la materia de la tinta. Tal vez este intento de encuadrar su vida a través de sus dibujos no es más que el intento desesperado de otro universo por existir, es decir, que todo el conjunto de dibujos, historias y personajes de Powerpaola estaban allí, en su rara pero admirable manía de dibujarlo todo. Los dibujos entonces no son registros sino ficciones que se disfrazan de realidad con el traje del tiempo.

 

Breyner Huertas