Letra Pequeña
Mariangela Aponte Núñez - Arreglo de uñas (Eutopia, 2016)

Cuba, 26 de noviembre del 2016
(Obra fotográfica disponible en el segundo catálogo de artistas de Atendido por sus propietarios - APP)

 

El día que murió Fidel. Ese día es un umbral; si bien para decir que un día antes estaba vivo y un día después no. El umbral que se va cerrando: una hora antes y una hora después, un minuto antes y un minuto después, un segundo... El umbral entonces es un momento y, de esta manera, el umbral de la ventana no es un lugar sino un momento que se puede ver. El espejo ha solidificado el vano; ha cristalizado el limen entre nuestro mundo y el de los reflejos. El día después de la muerte de alguien, o de Fidel, se ha hecho una transición, un cambio de un lugar a otro sin punto medio (el punto medio sería un Fidel congelado o zombi). El día después de Fidel es un reflejo que ya no es exacto porque se ha pasado del otro lado y, hasta ahora, no se sabía cómo se ve el mundo desde allá.

 

Fidel dejó un vacío que se ha puenteado. Al otro lado se puede ver para atrás y algunos no se reconocen en su contra-reflejo; algo ha desaparecido.

 

Meter la mano en el espejo, como meterla en el agua, e intentar traer desde el pasado lo que el puente permita. Muchas cosas han cambiado después de la muerte de Fidel. La mano toca otra mano, la del ayer, y la intenta comprender. A su vez, la otra la maquilla, la “arregla”, la forma… La mirada no coincide porque trascender un momento (umbral) es algo que desubica, descontrola. Un movimiento violento o brusco que en la mayoría de los casos no se nota (cruzar una puerta puede ser muy fácil).

 

Finalmente, en “Arreglo de uñas” la fortuna de alguien que pudo ir al otro lado, tomar la foto y volver para mostrar cómo se ve todo desde allá.

 

Limen transparente de un espejo que es un día. Si llega el momento en el que el tiempo se devuelva y todo empiece a recogerse, se sabe que se volverá a pasar por ese umbral pero parecerá tan extraño como la primera vez (está vez), quizá porque ya se habrá olvidado que de allí se venía. Y vuelve Fidel, de atrás para delante, en una lucha que parece la de deshacer la revolución, mientras vuelve a su juventud y desaparece.

 

Mariangela, quien tomó la foto, vuelve a deshacer la imagen, la mano que tocó la otra se retira, y el espejo se vuelve a cristalizar: una mujer le pregunta algo a la otra; le pregunta sobre el futuro o sobre el pasado. Todo es muy confidente; la conversación es de cada una con cada una, escuchando a la otra pero retornando a sí mismas, alegrándose de su propia suerte o lamentando la falta de. Retornan a sí mismas porque hay un marco flotante entre las dos que hace mediación. Lo mediato de lo inmediato (conversar), es decir, el umbral muestra que la conexión que parece instantánea tiene puentes.  

 

El día después de la muerte de Fidel se arreglaban las uñas, se emperifollaban para ir a firmar el libro de las condolencias y reafirmar así el compromiso con la revolución. Un ritual completo. Vestirse apropiadamente, en consonancia con el recuerdo; arreglarse las uñas, como puliendo el instrumento de identidad; haciendo la fila, porque es un ritual gregario y comunitario; y finalmente firmando para certificar que se es el mismo que se era antes de traspasar el umbral. Reafirmar la identidad con respecto al reflejo que acaba de diferenciarse y que necesita precisamente otro protocolo más de afianzamiento.

 

La muerte de Fidel es el marco de palo que separa los extremos de una mesa.