Letra Pequeña
Leonel Góngora (Museo Rayo) - Crónica (Art-Nexus 2015)

Cierta esencia hiperbólica que caracterizó durante algunas décadas el arte y la literatura Latinoamericana, con la Exageración como una de las figuras retóricas más usadas, es evidenciada en esta exposición de Leonel Góngora (Cartago, 1932 – 1999) en el Museo Rayo. Con más de 70 piezas provenientes de diversas colecciones, se pueden vislumbrar los arquetipos desarrollados por el artista en su universo autónomo, la forma de esclavizar las figuras y la energía de sus dibujos, en los cuales el impulso es el factor central de las composiciones. Todo un desfile bidimensional de mujeres contraídas, con gestos paroxísticos aludiendo al éxtasis sexual y a la propia omnipresencia del artista como hombre que lo observa y lo toca todo. Todo le pertenece a Góngora en sus cuadros, dispone de sus personajes al punto de que los moldea y los deforma, los crea a partir de rayones y trazos compulsivos. Góngora siempre se dibujó a sí mismo.

 

Es interesante pensar que los rostros en los cuadros aluden a mujeres reales; que su mundo pictórico, cuyas características formales se mantienen bajo un estilo, proviene de este mundo y sobretodo de mujeres cuyos encuentros ritualizaba, dibujándolas a modo de cierta magia-parasimpática. En este sentido superficial del término, es interesante pensar que con el dibujo, Góngora tocaba sus modelos y su imaginación se regaba en deseos. Proveniente de la generación llamada Neo-Figurativa en Colombia, cuya expresión se puede considerar como una vanguardia artística en los sesentas, pensando el arte en relación al contexto, específicamente el de la violencia, junto a artistas como Pedro Alcántara y Carlos Granada, entre otros, Góngora inicia su camino hacia la deformación monstruosa de las figuras; Transfiguración que daba cuenta de la exageración de ciertos aspectos que buscaban que el espectador hiciera énfasis en ellos, como subrayando lo macabro; es el caso de la serie Sobre La Violencia de Luis Ángel Rengifo y muchos de los dibujos de Alcántara Herrán, por ejemplo. La exposición en el Museo Rayo, sin embargo, se centra en los trabajos posteriores a la segunda mitad de los setentas, aunque están presentes algunas litografías de la década anterior, en las que se nota el génesis de toda su figuración y la compulsión embocada a lo dramático, lo sexual y lo monstruoso.  

 

Todo lo monstruoso está dado por el exceso, en este caso la abundancia de rayas y contornos superpuestos, la reiteración de las formas dentro del cuadro. Repintar y trazar desordenadamente da cuenta de este barroco lineal que quizá no pudo traducir del todo a su pintura. Es interesante pensar que entre las líneas, que parecen grafías, tachones y firmas, se esconden palabras y textos; quizá estos textos ocultos en la maraña de pelos de sus modelos, narren todo en torno al encuentro y al contacto con ellas previo a los cuadros. Las composiciones pueden ser documentos y registros de sus amoríos. En el dibujo llamado “María” se encuentra el curioso apunte: “Joven Bugueña, quien en una casa de putas de Tuluá, aseguró a Omar Rayo, era María. Por si las Flies, Góngora 71.”; las letras de la nota tienen la misma naturaleza de las líneas del dibujo, la firma en todos los cuadros es una grafía que se confunde con los contornos imprecisos, los rizos de pelo, tanto de sus autorretratos como los de las mujeres retratadas, dan cuenta de un código que nunca será descifrado, pero del cual existen certezas. Es un código en torno a lo erótico, sin respuesta lógica.

 

El recorrido por las salas dedicadas a Góngora es fluido, la redundancia de su estilo termina por convencer acerca de la fortaleza y consistencia de ese universo extraño, de caras con los ojos separados, manos deformes y bocas grandes y entreabiertas. El gesto de muerte llega a parecerse al gesto del orgasmo. La mujer pintada por Góngora se exhibe como cuerpo y las características de las modelos se adaptan a los arquetipos del artista, quizá como excusa al contacto, la observación y la intimidad. Muy poco hay de convencional en las obras, ya que poseen un lenguaje propio (su propia convención), un poco descuidado en cuestiones técnicas, demostrando una tendencia a la creación permanente e impulsiva. Cabe anotar que Góngora es un artista formado en La Escuela Nacional de Bellas Artes, Bogotá y en México hizo parte del grupo Nueva Presencia, junto a José Luis Cuevas del que se nota cierto influjo.

 

Góngora es uno de los representantes del arte erótico en Colombia, logró articular lo chocante con una sensibilidad poética característica. En series como “Portafolio: Historias de amor” y “El Libro de los Pecados Capitales”, expuestas en esta especie de retrospectiva, se reúnen todas las virtudes del artista como dibujante y compositor de escenas, domador de lo grotesco y médium entre lo erótico (burdo) y lo poético (sensible).