Letra Pequeña
José Olano (Programa C, Museo La Tertulia) - Crónica (Art-Nexus 2017)

Se puede pensar en cuatro posibles reacciones ante las obras de José Olano (Cali, 1985), que expone en el Museo La Tertulia con curaduría de Miguel González, bajo el programa C: la primera reacción es la de un espectador que se aleja de las obras ya sea por miedo o prevención, una reacción que responde a las posibilidades de que cause un accidente, una especie de profecía. Una segunda reacción es la del espectador que se acerca con cierto suspenso y aunque sepa que puede causar un “daño” pone en tensión todo el sistema, una especie de seducción propia de la curiosidad. En tercer lugar podría originarse una reacción torpe y, ante la angustia del accidente, el espectador se aleja violentamente y acelera la pequeña catástrofe, una consecuencia relacionada con la culpa. Por último se puede pensar en el sabotaje de alguien que hace caer las obras a propósito.

 

Sucesos temporales frágilmente perturbados es el nombre de la exposición individual de Olano en el Museo La Tertulia, en la cual la sala de exhibiciones se convierte en un solo sistema de equilibro y cualquier accidente puede desencadenar un efecto dominó. Si bien cada obra tiene su propia autonomía, el espacio se despliega como problema y los objetos se proyectan como variables en diversos niveles de tensión. Cada obra es como una ecuación (o poema) que busca un estado ideal. En esta individual, Olano plantea varias instalaciones que se conjugan bajo la idea de sucesos en latencia: una vieja escalera reposa en sus cuatro extremos sobre vasos de cristal (El descanso de la escalera del museo, (sobre vasos)); una soga gruesa de color blanco, originalmente de un barco, sostiene en pie una lámina de vidrio (Uniendo vacíos); dos ventiladores de techo se encuentran uno sobre el otro (Aprendiz de aviador); un cubo recubierto con un mosaico hecho de  espejos, reposa sobre una jarra de cristal (Ilusiones de una falsa eternidad); una mesa está atrancada con otra desde el suelo hasta el techo (Dos mesas cojas atrancadas arriba y abajo) y un pupitre de colegio está recostado a una lámina de vidrio (La forma correcta de reclinar un pupitre contra un vidrio pero no de reclinarse en él). Nada de esto está pegado, nada está asegurado y todas las instalaciones (que se convierten en una) están sin ensamble, cuestión importante si se considera que el ensamblaje es la versión tridimensional del collage y tiene implícita la idea de fijación y encaje, es decir de permanencia, estabilidad y conservación. Por el contrario, los sistemas-frágiles que propone Olano son juegos de equilibrio altamente condicionados por el momento, y la obra en sí misma no son los objetos sino su nuevo orden.

 

Con este procedimiento ha desarrollado una serie de instalaciones que poco a poco se han ido constituyendo como formulaciones, es decir, como multiplicidades de objetos que se corresponden bajo imperativos de yuxtaposición absurda. La mayoría de veces las obras se caen, los objetos más frágiles se destruyen y ante ello siempre se pueden volver a instalar, ya que la estructura de la obra se conserva en las instrucciones de montaje. Dichas instrucciones responden a un lenguaje objetivo (en torno al absurdo) que describe sin adjetivaciones los pasos necesarios de instalación y los objetos que deben ser usados. La sensación de aura que se experimenta frente a una obra manufacturada se traslada aquí hacía un vacío, hacía el historial desconocido de los objetos que componen las instalaciones y la proeza doméstica no presenciada: la intervención del artista que causa un desajuste en el universo de las cosas.

 

En el Museo La Tertulia las obras de Olano también se han caído y sin embargo no ha sido por ninguna de las reacciones consideradas al principio de esta crónica. Todo fue inesperado. Durante unos días la carretera al mar estuvo cerrada por causa de un derrumbe: “…en el kilómetro 66 + 200, de la carretera Buga-Buenaventura, sitio del derrumbe, las piedras no paran de caer sobre la vía al mar.  El terreno es inestable y el material rocoso baja cada segundo desde los altos de la montaña, la tierra cruje sin parar.”[1] Debido a ello, en la ciudad de Cali se levantaron las prohibiciones de circulación de tractomulas y camiones, con el fin de solidarizarse con los motoristas; durante un par de días tomaron la ruta alternativa que pasa frente al museo, por la carrera primera, y la vibración del suelo provocada por el paso de estos vehículos causó finalmente la caída de algunas obras. Esta coyuntura que se desata por un derrumbe, relativamente lejos del sitio de exposición, se manifiesta como fenómeno a través de las obras, que están a la espera de pertenecer a una cadena de reacciones o, como concluye Miguel González su texto curatorial: “La atmósfera de peligro ante el desastre se apodera del entorno, no habría ahora una alusión social y política más pertinente.”

 

Breyner Huertas.

 

[1] http://www.cmi.com.co, Lunes 13 de marzo, 2017.