Letra Pequeña
Javier Caraballo (Museo Rayo) - Crónica (Art-Nexus 2020)

Atraído por el comportamiento infantil, el juego y la audacia de los niños, Javier Caraballo (Barranquilla, 1985) expone en el Museo Rayo una serie de pinturas en donde se ponen en acción algunas contradicciones interesantes, determinadas por la complejidad técnica pictórica contra el sentido de las imagénes. Las pinturas a las que me voy a referir representan niños interviniendo (vandalizando, modificando, rayando, mejorando, habitando, interpretando…) obras de arte canónicas del mundo. Es decir, los cuadros contienen otros cuadros y a su vez el momento en que niños, que dan la espalda, rayan sobre ellos.

 

El tema es muy específico y tiene que ver con el lenguaje gráfico infantil, lo cual hace parte de la búsqueda conceptual del artista en evidente tensión con la capacidad técnica demostrada en sus obras. Tanto me interesa señalar lo particular del tema que, al decir “muy”, quiero decir que no es nada usual ver pinturas de “niños rayando sobre obras de arte”, aunque se puede identificar una corriente (por decirlo de algún modo) en la que se inscriben estas pinturas, y es aquella que tiene que ver con la relación entre la cultura popular (lo cotidiano,) y la cultura establecida (lo que se conserva), en este caso, escenas anecdóticas que muestran la destrucción de algunos iconos que están inscritos en la memoria colectiva.

 

Los cuadros, que aluden a la inocencia y a la espontaneidad, son construidos cuidadosamente como si fueran fotografías; las convenciones de color y forma presentan dos planos en donde la figura humana parece registrada bajo el lente de una cámara, en clara oposición con otro plano que reproduce con exactitud obras de arte célebres de Monet, Murakami, Van Gogh, Dalí, Warhol, entre otros. Este doble sentido de las piezas intenta dar por sentado su trama: las etapas creativas infantiles, el garabato, los primeros trazos y por otro lado la ingenuidad.

 

No obstante son piezas meticulosamente calculadas en las que el artista ha explorado diversos signos en torno a lo fortuito: la ropa de los niños (algunos en pantaloneta o pijama como si estuvieran en casa y no en un museo), el gesto descomplicado de sus movimientos, las figuras infantilizadas que pintan sobre los cuadros; y el efecto que produce ver una copia exacta de una obra maestra en un segundo plano, es decir desacralizada y banalizada. Las escenas dan cuenta de un mundo doméstico que emerge al primer plano.

 

Esta representación de lo fortuito encierra aquella trampa del artista virtuoso que ha logrado que se piensen sus cuadros en función del tema (el garabato) y no del despliegue pictórico que es necesario para hacer precisamente que sus técnicas pasen a una instancia secundaria. La serie de cuadros, que es llamada Master of painting, intenta redireccionar la maestría del artista (la leyenda) hacía el gesto infantil, paradójicamente bajo una técnica que se piensa comúnmente como magistral: la pintura que parece una fotografía.

 

Este trabajo, curado por Miguel González, es tan solo una parte de la producción de Caraballo, la cual tiene como punto de partida lo infantil en correspondencia con el arte consagrado, es decir, el trazo primario del niño en función de las técnicas pictóricas más complejas y la misma historia del arte; aunque siempre como tema, como representación. El hecho de que sean obras reconocibles ahonda en la condición popular de las escenas, lo cual nos hace pensar en referentes como Marco Mojica o Nadín Ospina que plantean juegos de este tipo. Así mismo recordamos la condición de gran parte de la escena artística de hoy en día, la cual revisa su propia historia para cuestionarla.

 

Considero que esta revisión es una herramienta (o arma) artística oportuna si se tiene en cuenta que la historia del arte (como dicen, “con A mayúscula”) gira en torno al arte de un solo continente y a su capacidad de expansión cultural (colonial o no) y los productores ajenos a esa historia traen en su quehacer otras tradiciones que, en algunos casos, solo por su origen son críticas. Hay algo en esta serie de pinturas que me hizo pensar precisamente en eso, en un continente niño (“nuevo” o infantilizado) que está buscando otras maneras de hacer arte, politizando todo y desacralizando continuamente los referentes. Es una manera del pensamiento local (cotidiano) de interiorizar lo que no puede tocar, lo global. Si bien, es claro que el artista no va por este rumbo conceptual, es algo que surge si se quieren pensar un poco más estas pinturas y considerando que contienen contradicciones que las hacen interesantes para reflexionar.