Letra Pequeña
Ever Astudillo - lugar a dudas, 2013

FOREVER AND NEVER – COMENTARIO SOBRE LA EXPOSICIÓN DE EVER ASTUDILLO PASAJEROS - LUGAR A DUDAS 2013
(Texto publicado originalmente en la web del pulpo)

 

 

Ever Astudillo acostumbró al ojo a la contemplación de sus sombras; educó y moldeó la mirada de casi dos generaciones en torno a la noche de Cali, las presencias fugaces de una ciudad que siempre ha tenido sus puertas abiertas, un vividero de anónimos.

 

Una cuestión acerca de la mirada es abordada por el maestro en su obra; el hecho de que en la noche y en condiciones de oscuridad, la luz se focaliza en puntos concretos y el resto de la mirada cae por el rabillo del ojo en un espiral de intuiciones, de figuras inciertas y formas disimuladas entre el pecado y la luz. El resplandor es más fuerte en la oscuridad, el trazo de Astudillo, entonces, se acentúa paradójicamente cuando es difuminado, es la tensión necesaria en las composiciones del maestro. Las piezas ahora denotan fuertemente una aparente-velocidad a diferencia de algunas de sus piezas más tradicionales en las que el cuadro parece tener toneladas de tiempo y dedicación.

 

Encuadres accidentales herederos del grano fotográfico y la anécdota cinematográfica; hombres que corren y se riegan; seres siluetoides que no saben si huir hacía un fondo descompuesto por la decisión de Astudillo de plasmar un sinfín, una luz intensa que se los traga, o no saben si venir, si correr hacia afuera del cuadro como si este mundo fuera más tranquilo…

 

En esta indecisión sus figuras se balancean sobre un pie, en desequilibrio porque tienden siempre hacía un lado. Están clavadas a sus sombras y en general las composiciones del maestro fusionan a la gente con su sombra, borran la distancia entre el ser y su reflejo; Vueltos uno-con-la-sombra resulta que están congelados y esa aparente movilidad (dada entre otras cosas por el efecto de barrido) resulta ser mucho más macabra de lo que se podría pensar, pues en este mundo también existe una movilidad aparente: la obra entonces muestra en el fondo la quietud de todos nosotros.

 

Los ambientes nocturnos que antaño hicieron celebre las composiciones del maestro resultaron fugacidades permanentes, espaldas rígidas que miran su mundo como nosotros miramos el nuestro, pegados a la sombra y en una quietud infinita.

 

Pasajeros de sí mismos unos huyen y otros se apresuran, corren y se amontonan, aprietan sus puños porque el gesto de correr tiene como fin llegar a un lado; un objetivo, un plan de guerra; Forever y Never un juego de palabras que resulta interesante porque se mira hacía el pasado cuando se dice Nunca y se proyecta hacía el futuro cuando se dice Siempre (y viceversa). Palabras inabarcables para el hombre que simplemente vacila sobre un pie para dar un paso, en tiempo presente, pegado a su sombra, sin saber si huir o venir, difuso y siempre quieto a pesar de creer que se está moviendo.