Letra Pequeña
Carlos Bonil (lugar a dudas) - Crónica (Art-Nexus 2019)

Una de las primeras cosas que se evidencian en La herramienta correcta, instalación de Carlos Bonil (Bogotá, 1979) en la vitrina de lugar a dudas, es una inversión de conceptos: Un fémur humano es sostenido en lo alto por un esqueleto hecho de cucharas de plástico, es decir, el cuerpo (o su vestigio) es sostenido por la herramienta. ¿Desde hace cuánto tiempo el cuerpo humano ha desplazado su fuerza estructural hacía los objetos que fabrica? La instalación de Bonil presenta prótesis sin cuerpo, un mundo deshabitado que alguna vez accionó todos los instrumentos para acelerar su propio fin; teniendo en cuenta claro, que el espacio reducido de la vitrina se asume como la totalidad de este mundo, siendo el vidrio una cuarta pared desde donde se puede ver dicha catástrofe.

 

La obra entonces, se podría plantear como catástrofe. Es una instalación conformada por una escultura (La herramienta correcta, 2013), una bandera (Sin perspectiva, 2019) y una escenificación de luces y pedestal que le atribuye al desastre un matiz teatral que, inevitablemente, alude a la relación trágica entre desarrollo tecnológico y raciocinio, aspectos ligados también al desenlace de la evolución.

 

Este esqueleto hecho con cucharas plásticas sigue con fidelidad la estructura del actual cuerpo humano. Para ello, Bonil ha realizado un sin número de modelos animales y humanos, en diferentes escalas, mutantes y monstruosos. La herramienta correcta es un fast-forward semejante al célebre salto temporal de la película 2001 Odisea espacial (Kubrick, 1968) que va desde el golpe de un hueso al vuelo de una nave espacial, imagen que es una referencia central del proyecto; aunque en este caso el lapso sobrepasa la idea futurista de la nave hasta un tiempo presente lleno de plástico, en donde hay más basura que proyectos de exploración espacial.

 

Una vez erguido, con la dignidad que representa tal cosa para el ser humano, quizá otra vez agachado. Tal vez este recogimiento sea el paso a seguir después de todos estos siglos de desacerbado crecimiento y progreso. En este punto se halla la catástrofe contenida en la obra. Entre el vacío que dejan las cucharas de plástico ensambladas se puede entrever la contradicción de un pasado remoto y un futuro inmediato. El objeto, en este sentido es un flash-forward congelado. Hay algo para ver en medio de esta estructura, porque, según lo manifiesta el artista, el ensamblaje de utensilios de mesa no es una práctica original o propia. Más bien, usa el bricolaje para codificar aspectos de la memoria colectiva, en busca que la colectividad active su memoria.

 

El trabajo de Carlos Bonil aborda directamente problemas en relación con la estructura de los cuerpos y de los objetos, con una profunda reflexión acerca de los materiales. En el pasado Salón Nacional de Artistas, en Pereira, presentó lo que parecía una limusina envuelta en papel regalo y en el 2010, para ArtBo, realizó un camión de basura en tamaño real (como la limusina y como el esqueleto) hecho en galones plásticos usados, aludiendo al trabajo desperdiciado. En gran parte de sus obras, la acumulación de objetos genera una acumulación de conceptos, y a la medida que ensambla las esculturas se va dando forma  también al propio cifrado de aquello que se quiere decir (u oír, en el caso de sus esculturas sonoras). El punto de partida, la primera cuchara, queda oculta por debajo de todo el ensamblaje. Dice ya otra cosa.

 

El trasfondo de esta escena es una bandera negra tan grande que funciona como telón. Un plano oscuro sobre el que se dibujan máquinas y armas, direccionando las ideas contenidas en la escultura. La bandera (Sin perspectiva) es una obra hecha específicamente para la vitrina,  espacio que invita a la intervención escenográfica dada sus condiciones de cubo abierto al transeúnte. En este sin fin oscuro flotan camiones, barcos, pistolas y ametralladoras. La evolución del raciocinio está en consonancia con el desarrollo tecnológico, aunque no se pueda determinar exactamente si de manera inversa o proporcional.

 

En este punto ocurre otra inversión interesante, ya no son las máquinas las que sostienen las banderas sino la bandera la que se ha tragado el desarrollo tecnológico, que flota como en un mal sueño sobre la cabeza de un esqueleto congelado en un grito y que está a punto de dar un golpe. Un horizonte oscuro que, como su título lo sugiere, sustrae toda esperanza de sobrevivencia. La profecía que parece estar inmersa en la escultura, aquella que dice que la posición del esqueleto es una posición primigenia y a su vez una postura a la que los homínidos pueden volver, tiene en este trasfondo una incidencia redundante, producto del desesperado intento del arte por señalar activamente los desastres que se avecinan.