Letra Pequeña
Adriana Marmorek (Museo Rayo) - Crónica (Art-Nexus 2019)

¿Cuándo se ha visto a un museo quemar las piezas o las fotos que recibe, y evidenciar lo efímero que está dentro del planteamiento del arte contemporáneo? Esta es la pregunta fundamental con la cual Adriana Marmorek (Bogotá, 1969) cambió el planteamiento de los relicarios presentados en el XV Salón Regional de Bogotá “El museo efímero del olvido” en el 2015. Marmorek, por medio de convocatoria pública, conformó una colección de objetos que tienen particular significado para sus dueños originales, objetos que materializan recuerdos específicos relacionados con el amor, con el destino y el desamor de los demás. Una vez terminado el salón regional, la artista reflexionó sobre las circunstancias de estos objetos y su fragilidad como recuerdo (quizá el relato que los rodea es lo único que los concretiza en un mundo de cambios). Posteriormente los quemó y los conservó como ruinas; como se conservan fragmentos de obras de arte que sobrevivieron accidentes y que constituyen la base material de una historia por trozos.

 

La exposición de Adriana Marmorek en el Museo Rayo, curada por Miguel González, reúne estos objetos-vestigios en función de su propia aura que, recordando a Walter Benjamin, conserva de alguna manera las miradas que se posaron sobre ellos, y el texto y el recuerdo en torno les erige como objetos paradigmáticos. Por otro lado, la transformación es una noción importante en el trabajo de Marmorek, en la serie de Reliquias (2016) y Osarios de amor (2018) se puede entrever la importancia de lo que permanece como huella de algo que ya no está, un vacío - que tiene que ver con la pérdida - encuentra en el vestigio una manera de ser invocado. De ahí que los procesos de descomposición sean los procesos plásticos elegidos por ella: fenómenos de combustión que transmutan unas cosas en otras, bajo la paradoja que siguen siendo (aludiendo a) lo mismo.

 

En la muestra hay una obra central (Reliquia No. 17, de la serie Transmutación, vestido de novia; instalación de vídeo, 2016), que sintetiza los conceptos y alusiones simbólicas que busca la artista. El registro en video y fotografía de la quema de un vestido de novia donado a su colección y que se descompone ante nuestros ojos tal como se descompone el mito de lo eterno en relación al amor (idealizado), los objetos (coleccionados) y las personas (que a veces olvidan sus constantes cambios); la quema en este caso tiene que ver con el tiempo de lo trágico, un proceso monstruoso cuando se presenta acelerado.

 

Las conservas y la museografía de los objetos alude a las nuevas antropologías que tienen campo en el arte contemporáneo y que se manifiestan en gabinetes, obras que son colecciones de cosas, ruinas creadas al proyectar un futuro, curadurías dentro de curadurías y, en este caso, los dispositivos de conservación de los objetos, una serie de domos de cristal que actúan como micro-atmósferas de un mundo autónomo acotado con las etiquetas de una anécdota ajena (una voz). De esta manera, los “demás” son una noción, un testimonio que en los gabinetes y domos se convierte en muestra de una humanidad sin nombre. La exposición despierta sentimientos que experimentamos en común pero bajo parámetros de vivencias específicas.

 

Finalmente es inevitable la sensación de tragedia frente a las obras expuestas en el Museo Rayo; una sensación que tiene que ver con el color (la combustión tiñe de negro la mayoría de las reliquias y objetos de los osarios), con los domos, con los videos y la amenaza del fuego que es la latencia de lo que se consume. El luto, representado en cada cultura de manera diferente, encuentra entre las piezas de Marmorek la correspondencia con el color negro, dirigiéndonos al espacio de los muertos, al mausoleo, lugar que podría recibir las reflexiones de la artista sobre la finitud del museo y del amor institucionalizado con el matrimonio. Después de todo esto, sigue sin responderse la pregunta central de muchos de sus proyectos: ¿Qué es el amor?, aunque logra construir una colección que da cuenta de tan solo una de sus dimensiones.